FICUS CARICA

De todos los Ficus es sin duda la higuera (Ficus carica) el más conocido. Forma parte de nuestra cultura gastronómica, paisaje y tradición agrícola desde la más remota antigüedad. Distinguimos claramente dos tipos de higueras, la higuera salvaje o cabrahígos y la higuera frutal, aunque son la misma especie.

Hay duda sobre su zona de origen; se ha propuesto Asia Menor, y de hecho el epíteto específico –carica- hace referencia a la zona de Caria (región de la actual Turquía), de donde se obtenían los mejores higos, a decir de los romanos. Se han encontrado higos, con trazas de ser cultivados en asentamientos paleolíticos de más de 10.000 años de antigüedad, lo cual sitúa esta planta en los orígenes de la agricultura.

Es árbol de floración un tanto irregular, lo cual da pie a que existan distintos tipos de higueras (se cultivan más de 80 variedades de este frutal); las brevales, que producen frutos grandes y alargados a principios del verano; y los higos, que se producen algo más tarde, y a veces llegan hasta finales de septiembre (higos sanmigueleros en el lenguaje popular). Históricamente se ha consumido como fruta fresca, pero ha jugado un papel esencial como fruta seca en forma de pan de higo, consumo ahora relictito, pero esencial para las capas populares a lo largo de la historia de los pueblos mediterráneos.

Es árbol muy austero en sus gustos, puede medrar casi en cualquier situación, incluso lo vemos sobre viejos muros o encaramado a viejas construcciones y creciendo entre los pedregales más secos, como también en las vegas frescas y zonas de regadío.

No es especie usada como ornamental, y su sombra tiene fama de no ser muy recomendable como lugar de reposo, pero es apta para la técnica del bonsái.